Nos pasamos la vida mirando hacia afuera cuando todas las respuestas las tenemos dentro. Sólo tenemos que pararnos a escuchar lo que nuestro instinto nos dice, lo que nuestro cuerpo nos reclama, en resumen, lo que necesitamos.
Ayer en una de las sesiones hablaba de la hiperconectividad de estos días en los que nos ha tocado vivir. Todo desde fuera nos llama la atención para estar más tiempo pendientes de lo que no es importante: notificaciones, publicidad, publicaciones que no nos enseñan nada, sólo nos entretienen. Y no está mal si sólo es un rato, lo malo es que ese rato, en la mayoría de la gente, dura horas.
¿Qué tal si te animas a quitar durante unos días tus notificaciones?
Eso supondría ser tú quien maneja tu vida y no al revés. Cuando el teléfono nos suena con cada notificación, nos quita atención a lo que hacemos para ponerla en lo que él quiere que mires.
Si somos capaces de dar la vuelta a esta tortilla seremos nosotras las responsables de mirar cuando queramos, y no cuando nos obliguen a hacerlo a través del sonido.
De esta forma podemos estar más presentes no sólo en nuestras vidas sino también en la de las personas que nos importan, dándoles tiempo de calidad y atención plena.
Vivir con presencia nuestras vidas, poner atención en lo que hacemos, una sola cosa a la vez, mirar hacia adentro y buscar esos tesoros que están en la sombra.
Darnos cuenta de que tenemos todo lo que necesitamos, sólo tenemos que aprender a buscarlo donde está. Pongamos ese foco en iluminar nuestras vidas, en descubrirnos, en aceptarnos y amarnos como somos porque de eso va la vida.
