Dice el diccionario que humildad es conocer nuestras propias limitaciones y debilidades y obrar de acuerdo a este conocimiento.
Llevo unos días compartiendo palabras que me van resonando con acuerdo a lo que va pasando en mi vida: Respeto, amabilidad y hoy quiero hablar de humildad y cómo a veces se nos olvida algo tan esencial.
Dice uno de los Órdenes de la ayuda que sólo se puede ayudar a quien lo pide y a veces desde la posición de terapeuta hacemos todo lo posible para que esa persona que viene a vernos esté bien, que se encuentre mejor, se lleve las mejores herramientas…pero en ese proceso también debemos escuchar en profundidad si esa persona está dispuesta a hacerlo porque si no, nuestra ayuda se dará contra un muro.
Entender que cada cual tiene unos ritmos y respetarlos forma también parte de la humildad. Saber que hay veces en que no podemos ayudar.
Hace unos días en una formación maravillosa que estoy haciendo salía la siguiente frase: una no puede quitar una valla hasta saber lo que sostiene y cada vez que me encuentro frente a una consultante me lo recuerdo.
Puede que yo vea claro su camino, pero es ella quien debe encontrarlo y seguirlo, yo sólo estoy aquí para acompañarla en su caminar, el resto es suyo, no mío.
Ese es para mí el concepto de humildad, saber que es la otra persona quien debe escucharse y ponerse en marcha cuando lo considere oportuno, sin prisas, tropezando, cayendo y volviendo a levantarse.
Yo no sé más que tú de tu vida, sólo te veo desde otro lugar y por ello espero a que puedas llegar donde estoy yo para mirarlo juntas.
¿Te resuena?
