Diario de Transformación

Llegamos al final de este trimestre y dejamos atrás, con un maravilloso regusto en la boca, nuestro taller de (Des)Apegos.

Han sido tres meses intensos en los que hemos aprendido a ver cómo se configuran los apegos en la infancia y en la adolescencia y el peso que esto tiene en nuestra vida, y concretamente en las relaciones que trazamos en ella.

De la forma en que hemos aprendido a vincularnos en nuestro sistema de origen copiamos el resto de relaciones, por eso es necesario revisarla, deconstruirla, en algunas ocasiones, y reformularla para renacer en nosotras mismas sin el peso de aquellos apegos.

En este taller hemos revisado los apegos en nuestro sistema de origen, pero también los apegos en la pareja, en la familia afectiva, apegos a lo material, espacial, laboral para poner encima de la mesa lo que nos sirve y nos suma y reciclar aquello que nos resta en nuestra vida.

Ahora queda el camino de la integración, de entender cómo nos hemos construido con la mirada de las demás personas, con sus gestos, con sus etiquetas, con sus palabras, para poder ver cuánto de aquello me limitó y me limita y cuánto es real a día de hoy. Revisar nuestros sistemas familiares en busca de mandatos, creencias y guiones de vida nos pone en el camino de reconstruirnos desde donde queremos hacerlo, teniendo las herramientas para ello.

Desapegarnos de todo lo que no nos sirve para dejar en nuestra vida todo aquello que nos hace crecer, nos da alas y nos convierte en las personas que queremos ser.

La invitación que hacemos en los talleres es llevar todo este proceso en un Diario de Transformación que nos sirva de mapa interno, en el que anotar todo lo que voy sintiendo, todo lo que va pasando por mi cuerpo, para recuperarlo y poder procesarlo a mi ritmo, bien sola o en consulta individual que es lo recomendable. Ese diario que podemos leer cuando queramos nos dará una idea de cómo estábamos al empezar y cómo hemos ido avanzando a lo largo del taller. Cuando el grupo lleva varios talleres es aún más interesante ver el progreso y volver sobre aquello que nos era complicado para poder mirarlo desde otro lugar. De esta forma, tal y como dice Alejandro Palomas, escribimos en él para contarnos lo que nos pasa, así vamos ordenando nuestros pensamientos hasta poder decirlos en voz alta y es aquí cuando el cuerpo se entera y puede hacer el ejercicio de perdonar, porque olvidar no olvidamos, simplemente cambiamos nuestra perspectiva.

¿Te animas a reescribir tu vida junto a nosotras?

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