Dice Chimamanda Ngozi Adichie en su libro Cómo educar en el feminismo, que el lenguaje es el depositario de nuestros prejuicios, creencias y presunciones. Que decidas tú misma lo que no le dirías a tu hija.
Porque lo que le digas importa. Le enseña lo que debería valorar.
Y me pregunto ¿Qué valorarán todas esas niñas y mujeres que escuchan como la palabra zorra, que siempre ha sido y es un insulto peyorativo, ahora de repente se convierte en símbolo de empoderamiento?
Todo viene a raíz de una canción elegida para representarnos en no se qué concurso absurdo, como todos, pero que ha calado bien hondo. Buen trabajo de marketing para la mente sucia que ha pensado esto y se está frotando las manos mientras la gente corea la palabra como un mantra.
No se asusten señoras si son increpadas por la calle con tal adjetivo, ahora resulta que tenemos que estar orgullosas de que nos lo digan a la cara.
Y no sólo eso, sino que nos represente desde lo público y sea defendida por quienes nos gobiernan.
Lo peor: aguantar que digan que esto es feminista
#yonosoyunazorra
