
Expatriadas es una serie que me pasó desapercibida porque en su sinopsis no se aprecia la carga que después contiene.
Además de la sororidad entre las mujeres que la componen, trata de pérdidas importantes, de expectativas por cumplir, del mandato de callar y aguantar, de las creencias limitantes…y mucho clasismo. También la renuncia de nuestros sueños ante la maternidad y esa maternidad vista desde varios ángulos.
Hay dos escenas brutales:
En el ascensor cuando una de las protagonistas no puede más y le echa a su madre en cara todo lo que ha callado hasta entonces y la misma protagonista despidiéndose de su padre en el hospital.
No es que sea la mejor forma de hacerlo, pero a veces cuando no podemos más, la ira nos envuelve y la gota que colma el vaso lo hace llevándose por delante todo lo que pilla.
Para finalizar la última parte de la miniserie termina con un capítulo que recoge la historia y en el que se da una conciliación basada en la sororidad que ya quisieran muchas. Ojalá llevarla de la ficción a la realidad pudiendo ponernos en los zapatos de la otra persona y tomando cada cual su responsabilidad en el asunto.
Muy interesante analizar cómo podemos pasar de víctimas a perpetradoras en un instante. Un vistazo al triángulo de Karpman y a sus vértices: Víctima, salvadora, perpetradora y en qué momento somos cada una de ellas.
