Fabricando a la mujer perfecta

¿Cómo describir todo lo que encierra esta maravillosa película?
Empezando por la estética, que es brutal, en el uso del color y los volúmenes, los silencios, las miradas…
Pero lo más importante, a mi juicio, es el mensaje: el derecho a experimentar y buscar el placer.
Pobres criaturas es una película en la que los hombres juegan, oh sorpresa, a ser dioses, a crear, a someter, a enseñar, a engañar, a aprovecharse…
Hombres que callan, que ocultan, que aun sabiendo que lo que hacen está mal, lo hacen para satisfacer a otros.
Y luego está ella, Bella, un personaje que cautiva desde el primer momento, que es salvaje, como cualquiera de nosotras, que se niega a ser domesticada, que descubre el placer y lo persigue, que experimenta, que no se niega nada y que decide, sí, decide qué quiere hacer con su vida en cada momento.
Algo que a los hombres, por supuesto, les vuela la cabeza.
Al comenzar una mujer se suicida y al terminar te das cuenta del porqué y de qué desesperada tiene que estar alguien para quitarse la vida y de qué maravillosa es esa vida si te la dejan vivir como tú quieres, y no como decide otro por ti.
La importancia de conocernos, de escucharnos, de poner límites en nuestras relaciones, de saber negociar en ellas, de entender nuestro placer, de disfrutarlo con libertad.

Todo esto y más que es lo que veremos en el próximo taller de Vínculos amorosos está muy bien reflejado en esta obra de arte.

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