
¡Qué bonito es permitirnos soñar y no poner límites a esa imaginación!
Pero todavía es más bonito tener los pies en la tierra, bien enraizados, sintiendo lo que necesitamos, orientando nuestros pasos a aquello que queremos sin perder de vista que no siempre es fácil, que una cosa es soñarlo y otra muy distinta hacerlo.
Vivimos rodeadas de positivismo y buenismo y eso no siempre es lo mejor para nuestra salud mental.
Es imprescindible hacer ese camino hacia lo que queremos con buenas herramientas y recursos, conociéndonos, sabiendo nuestras limitaciones y nuestras habilidades para triunfar en este viaje.
No basta sólo con soñar, hay que aterrizar esos sueños con lo que disponemos alrededor y sembrar en nuestra vida las semillas que pueden darnos fruto a la larga.
Lo peor es el autoengaño, el decir que mañana será otro día y saldrá mejor si no hacemos nada para que sea así.
¿Cuánto estamos dispuestas a cambiar en nuestras vidas para que se parezcan a las que soñamos?
Si todo lo dejamos en la imaginación y no somos capaces de dar pasos, por pequeños que sean, en la realidad, no avanzaremos nada, simplemente viviremos en una burbuja de la que cada vez nos será más difícil salir.
Un primer paso es el autoconocimiento y para ello empezamos esta temporada con el taller de Relaciones sistémicas que nos acercará un poco más a saber por qué nos movemos por el mundo como lo hacemos.
También seguimos con Fotogenograma avanzando en nuestra historia familiar para entender esas lealtades invisibles que a veces nos atan a cargas que no son nuestras.
¿Te animas?
