Hace unos días os hablaba en el post del miedo de mujeres que se callan, que permanecen en la sombra frente a sus maltratadores porque no ven cómo pueden hacer otra cosa, por miedo a represalias, a quedarse solas, a salir mal paradas, y os ponía un ejemplo con una serie, que una vez acabada, merece capítulo propio porque tiene mucho que analizar y reflexionar.

La traigo también a colación porque estamos finalizando el trimestre de relaciones sistémicas justo en las relaciones de pareja y cómo llegamos a ellas.
Cuando comenzamos la vida en pareja todo parece un sueño, algo por construir, ilusionante, pero también es cierto que en la mayoría de los casos lo hacemos sin haber sentado las bases de una convivencia que nos permita tener nuestros propios espacios y desde luego, nunca negociando con el placer, porque eso, le quitaría emoción…
¿Quién se va a poner a negociar sobre el consentimiento?
No se trata de sentarse a una mesa con nuestra pareja y agendar nuestros encuentros sexuales porque eso sería quitarle al sexo toda la emoción y la naturalidad del encuentro amoroso, pero sí hay que poner sobre la mesa las necesidades de cada cual y desde luego el respetar que algunas veces no queremos o no estamos en nuestro mejor momento emocional para ello: menstruación, embarazo, posparto, menopausia…Da igual y no da igual el tipo de pareja que nos acompañe: en el caso de parejas heterosexuales habrá discrepancias en entenderlo mientras que en las parejas homosexuales la comprensión puede estar más acertada por compartir experiencias biológicas.
En cualquier caso el consentimiento debe estar encima de la mesa en nuestra negociación, de forma que cuando nuestra pareja diga sí y nosotras no se pare en ese momento y viceversa. Escucha y respeto por la otra parte. No se pide más. Podemos empezar con dos síes y a medias se pueden convertir en un sí y un no y ya está.
Esto, parte muchas veces de nuestras propias carencias al llegar a la pareja o querer mantenerla a costa de todo. Damos nuestro brazo a torcer y nos sometemos porque la otra opción es discutir, es que puedan hacernos daño, como si de esta forma no nos lo estuvieran haciendo.
En la serie se ve muy bien como una mujer aguanta treinta años de maltrato dentro de una pareja porque no tiene dónde ir, porque sufre amenazas, porque sufre maltrato económico, psicológico y físico y en esa telaraña del maltrato ha sido apartada de su familia y se encuentra sola y sin recursos.
En los talleres lo primero que tratamos es justo esto: tener autonomía e independencia económica cuando se llega a la pareja. En el momento en que dependemos de alguien que decide cuánto nos «paga» para que gestionemos la casa y los gastos, mal vamos.
También se muestra el cómo se la pone en tela de juicio rápidamente y cómo se juega la baza de la salud mental para incapacitarla ante lo que está contando.
Es una serie que merece mucho su visionado porque nos sitúa en el día a día de lo que vivimos las mujeres cuando denunciamos a nuestros maltratadores. El aislamiento, el rechazo, el juicio, la culpa, la vergüenza, la humillación. Cada paso en la serie muestro esto y más, porque cuando todo encima pasa por el filtro de la familia que toma parte se convierte en una guerra abierta entre padre, hijos y madre y siempre hay un vencedor y una perdedora.
Pero a veces perder es ganar. Puedes perder todo a nivel económico, puedes perder amistades, puedes perder prestigio social, puedes perder a tu familia…y si pasa eso es porque no los tuviste nunca, siempre fueron de prestado. También habrá quien se quede y llegará más gente a tu vida que sí te querrán tal y como eres y te apoyarán en lo que hagas. Gente que te escuchará, que no te juzgará y que te ayudará a ver la parte buena de una vida que te mereces. Esa familia afectiva que está a las buenas y a las malas, que incluye también a familia biológica y que va creciendo con personas que van y vienen pero que siempre nos aportan algo bueno.
Lo que más me ha gustado es el giro que van dando los personajes a lo largo de los cuatro capítulos hasta ocupar el lugar que les corresponde. Es muy necesario que se visibilice lo que ocurre cuando nadie nos ve, si ese algo nos pone en peligro. Y frente a los que toman partido o juzgan de manera gratuita, pues que se miren su propio ombligo y se deshagan de una vez de aquello de que siempre fue así y nunca pasó nada. Siempre pasó algo, otra cosa es que no se supiera qué.
A ver si ahora hay que encarcelar a todos los abuelos de sesenta años
Esta frase forma parte de un diálogo de la serie cuando se reflexiona sobre los hombres y sus necesidades. Una frase que encierra sometimiento: las mujeres no pueden negarse si ellos quieren y además un juicio peligroso: como todos los hombres mayores de sesenta años lo habrán hecho es que mal no estaba. Suerte que en algo estamos cambiando y que mirando atrás podemos ver lo que debieron aguantar nuestras ancestras y que ahora es posible frenar. Eso no nos exime de mirar a otro lado cuando alguien nos narra algo similar o ponerlas en tela de juicio porque no quieren decir sus nombres.
La violación dentro del matrimonio ha existido y sigue existiendo. Lo que pasa en una habitación a solas es cosas de dos si es consentido y cosa política-social si sobrepasa esos límites y se convierte en una práctica que da alas a las relaciones de poder.
Así que si sabes de algún caso o te ha pasado a ti misma puedes pedir ayuda, informarte y denunciar. Cuanto más nos callemos, más tiempo pasarán campando a sus anchas y la vergüenza y la culpa deben cambiar de bando ya!
