
Qué maravilla es salir de un libro tocada en el corazón, habiendo aprendido algo, llevándote un regusto a vida en la boca. Eso me ha pasado después de leer Amapolas en Octubre de Laura Riñón Sirera. Sin duda pasa a mi lista de favoritos.
Llevaba tiempo para leerlo y con la bibliografía de los talleres lo había pasado por alto y creo que ha llegado en el momento oportuno.
Es un libro que no te deja indiferente, que te va calando como la lluvia fina y que cada capítulo te hace suspirar por ver qué te deparará el siguiente.
El hilo de la historia es, sin destripar nada, una hija que cuida de su madre y en ese cuidado inventa una terapia literaria en la que irle narrando a su madre sus libros favoritos. A la vez que narra vuelve a experimentar las vivencias que esos libros dejaron en ella y se convierte entonces en una autoterapia sanadora y liberadora.
Todo ello con un bar de fondo que es un personaje más del libro y en el que descubrimos una historia singular e igual de maravillosa.
Todo encaja en una narrativa cuidada que te va llevando de la mano por caminos sinuosos hasta llegar a la meta. Una meta que se va haciendo más clara a medida que nos acercamos a ella y que estoy segura, te hará llorar y sonreír al mismo tiempo.
Por supuesto he hecho una preciosa lectura sistémica de la obra para poder incluirla en los talleres y desde este punto de vista tiene aún más miga. Hay desórdenes, pérdidas, encuentros, descubrimientos, perdón, gratitud y mucha resiliencia.
Como anécdota te cuento que en Madrid abrió una librería con este mismo nombre y en honor al libro, de hecho conocí el libro a través de ellas, y no te la puedes perder porque una vez que lees el libro lo entiendes todo.
Si tienes algo que pedir esta Navidad, que sea este precioso libro.
