Violencia vicaria

¿Qué es la violencia vicaria?

Ahora se habla mucho de ella y es un concepto que ha estado ahí toda la vida. Es la violencia que se ejerce sobre las criaturas para dañar a la madre. Pueden sufrirla directa o indirectamente: estar expuestas a peleas, gritos, maltrato en general también es violencia vicaria y afecta gravemente a la salud.

No me refiero al azote circunstancial, que seguro que la mayoría hemos recibido, me refiero a palizas sistemáticas, a utilizar un cinturón para meterte en vereda, a ver cómo pegan a tu madre un día sí y otro también, a puñetazos en la mesa o en la pared, a tirar platos porque la comida está fría, a arrastrar a mamá del pelo por haber quemado una camisa o por no haberla planchado. Este es el panorama de muchas criaturas. Criaturas que también sufren en sus propias carnes el dolor de ese maltrato y en sus mentes y almas el no olvidarlo en su vida. Muchas de ellas sufren también maltrato en el colegio y no tienen un lugar seguro en el que aparcar tanto dolor porque al llegar a casa les esperaba otro infierno.

En Rita, Paz Vega nos enseña una parte de ese infierno, lo hace desde los ojos de una niña, a la altura de una niña, viendo lo que ella ve, lo que siente y lo que interpreta, y lo hace fabulosamente. Va creando el ambiente perfecto para el desencadenante final, va poniendo miguitas y nos lleva a donde quiere llevarnos, mostrando así una normalidad que hemos vivido como tal cuando no lo era.

El escenario es perfecto: un barrio de Sevilla en los años ochenta con vecinas criando niños y niñas, maridos que vuelven de noche tras pasar por el bar, vacaciones de verano y calor. Un buen caldo de cultivo para lo que se cuece. Una sociedad machista, que no ha cambiado tanto, en la que el hombre de la casa exigía trato de rey, en la que marcaba los tiempos, los gustos, las necesidades. Una sociedad en la que el divorcio asomaba la patita, pero aún no eran muchas las que se atrevían a hacerlo, y si lo hacían eran apartadas como apestosas, criticadas y excluidas de la comunidad.

Roles específicos para cada miembro de la familia. Niño jugando a vaqueros. Niña ayudando a su madre con las tareas domésticas (7 años). Madre ama de casa, dedicada en cuerpo y alma a su familia y con poco apoyo de los suyos. Padre proveedor.

Criaturas escuchando peleas, mirando para otro lado, tapándose los oídos, no pudiendo hacer nada y sin entender lo que está pasando, dando por hecho que eso es normal.

Esto es lo que nos ha traído hasta aquí, una sociedad maltratante que miraba hacia otro lado, que sigue mirando hacia otro lado y cuyas víctimas, muchas de ellas caídas en el camino, no supieron lo que se les venía encima. Padres que recogen a sus criaturas los fines de semana y no los devuelven más, o los matan para dañar así a esas madres que decidieron separarse. Jueces que siguen dando custodias a maltratadores cuando UN MALTRATADOR NUNCA ES UN BUEN PADRE. Leyes que no nos protegen, sentencias que no son justas y penas que no dan para un buen escarmiento.

Todo esto afecta, no sólo a las víctimas sino a todas aquellas personas que nos involucramos en la prevención, ya sea desde el trabajo social o desde la terapia. Ver cómo esas criaturas padecen y ver cómo la justicia es tan laxa no hace más que crear escenarios frustrantes, porque no se queda en la infancia, se arrastra toda la vida y no es fácil procesar algo que lleva encallado bien dentro tanto tiempo.

El final de la película, que no te destripo, tiene un simbolismo que deja con la boca abierta.

Muy recomendable.

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