Yo mental: salud y enfermedad

El 13 de Enero se celebró el día mundial contra la depresión y por todos los lados se compartieron reflexiones sobre esta enfermedad y cómo afecta tanto a personas que la padecen como a quienes las sostienen en su entorno.

La depresión es como un agujero negro que se lo come todo y desde el cual no vemos nada, todo se funde y se confunde. No vale con animar a quien la sufre con frases positivas y diciéndole tú puedes, es algo que se agarra con fuerza a lo más profundo y sólo esa persona sabe lo que está sufriendo y lo que le duele no poder salir de ahí.

Como en todo laberinto, la transición por una depresión es un camino lleno de espinas que necesita de ayuda profesional, tanto terapéutica como médica. Necesitamos equilibrar nuestros estados físico y mental para poder gestionar lo que nos sucede, necesitamos entender y muchas veces ese entendimiento acaba surgiendo cuando hemos realizado un largo camino.

Este trimestre en Matrioskaje hablamos también de salud mental y de depresión, entre otras cosas y lo hacemos con el libro de La vegetariana y un cuento precioso, El árbol rojo.

El cuento te lo comparto aquí:

En cuanto al libro es de lo más brutal que he leído en mucho tiempo. Es un libro que habla de heridas muy profundas que empiezan en el sistema familiar y que son perpetuadas en el propio sistema, con otros matices pero con el mismo resultado.

Nos metemos en la piel de una mujer que decide hacerse vegetariana porque ha tenido un sueño. Lo interesante es lo que ve en ese sueño y las connotaciones metafóricas que subsisten en él. A lo largo de su narración vemos como no es sólo su decisión lo importante de la historia sino lo que desata con ella.

Es una novela muy interesante a nivel sistémico porque podemos ver claramente cuáles son los patrones que se repiten, las lealtades, en este caso a las mujeres del sistema y al maltrato que sufren. La salud mental está presente y transversal en todo el texto y en una de sus partes. El abuso, la violación, el maltrato físico, la disociación, la depresión…todo ello forma parte de un todo que envuelve a la protagonista y que se extiende más allá de ella para tocar también a otras figuras.

Las heridas que soporta nuestro cuerpo no sanan nunca. Es cierto que podemos trabajar con ellas, reprogramar nuestros recuerdos, perdonarnos…pero hay algo que se queda allí para siempre, cicatrices que pican cuando llueve, que nos recuerdan que justo en ese lugar y en esas circunstancias sufrimos mucho, que nos dolió.

También es cierto que surge la esperanza, como en el cuento, un árbol que va creciendo dentro de nosotras con fuerza y que nos da la mano, a través de sus ramas, para salir de ese negro pozo en el que estamos. Encontrar un camino, un proyecto en la vida, honrar la vida y vivirla a tope, ver la luz al final del túnel.

A veces esas heridas y cicatrices las hemos dejado de lado, como si no hubiera pasado nada y ha pasado todo. Revisarlas, volver a caminar por ellas y hacerlo además con un buen acompañamiento terapéutico, nos garantiza el que cada vez nos duelan menos. El poder mirarlas con perspectiva sabiendo que hemos podido salir de allí nos lleva a la resiliencia y ésta nos engrandece, nos da una herramienta maravillosa para enfrentar el futuro.

Poco se habla en salud mental de los efectos de la depresión posparto y del puerperio y sus secuelas, tanto físicas como mentales.

En Cuarentena se nos muestra otra cara de la maternidad, esa que no se cuenta, esa que afecta absolutamente a todas las madres, que las saca de su fantasía y las coloca en el mundo real: el puerperio y todo lo que conlleva. A través de la ironía, pero en clave de testimonio, una madre explica a una amiga lo que siente y padece tras su maternidad. En este caso, ella puede explicarse, decide contarlo y sacarlo. No sucede así con Salve María, que trata un caso de depresión posparto visto desde el punto de vista de esa madre que está completamente disociada de su experiencia y no sabe cómo hacerse cargo de ella.

Entender nuestra salud mental y las huellas que deja en nosotras es imprescindible para poder poner palabras y hechos. Una vez más lo que no se ve, no existe. Hagamos que exista. Denunciemos abusos, hablemos de experiencias desagradables, dejemos constancia de que no todo es bonito y color de rosa. Compartamos humanidad porque sólo eso nos salvará en un mundo que tiende cada vez más al individualismo y al ostracismo.

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