Cuando llega la tristeza

¿Qué pasa en tu cuerpo cuando llega la tristeza? ¿Cómo ves el mundo? ¿Qué otra emoción te saca de ella? ¿Por qué es tan necesaria?

La tristeza viene acompañada de otras emociones, en esta ocasión hemos elegido nostalgia y melancolía para el taller de esta semana.

Cuando hablamos con perspectiva de género, podemos decir sin equivocarnos que la tristeza es la reina de las emociones femeninas, la que se nos permite, la que nos hace o ha hecho atractivas a los ojos de nuestros «salvadores». Con la tristeza llega el llanto y eso se nos da de vicio: lloramos por sentirnos abandonadas, por empatía, por compasión, por rabia. Cada emoción que a su vez despierta esa tristeza nos provoca nuevos estados de ánimo y nuevas sensaciones.

¿Cuándo es la última vez que te has sentido triste y por qué?

Es una emoción que está ligada a la pérdida, al duelo y que surge cuando física o materialmente perdemos algo. Eso que teníamos no está y lo echamos de menos y esa imagen ideal que habíamos formado en nuestra mente es la que nos provoca esa tristeza: el no volver a compartir momentos con esa persona (pareja, amistad), el sentir que ya no pertenecemos a algo (trabajo, amistad) y hablando de duelo, por supuesto surge también cuando vemos- empatía- a alguien sufriendo.

Aquí volvemos al género. Como se nos socializa teniendo en cuenta los cuidados y a las demás personas casi siempre por encima de nuestras propias necesidades, cuando vemos que alguien está de bajón, triste, alicaído…allá vamos a consolar. Y no está mal hacerlo, de hecho muestra humanidad, de esa que ya poco queda, pero lo ideal es dejar que la persona que sufre, ajena o nosotras mismas, conecte con su dolor y entienda racional y emocionalmente lo que está transitando.

Conectar con la tristeza nos enseña algo más sobre nosotras mismas, nos enseña a entendernos mejor viendo qué nos la causa y cómo solemos actuar frente a ella.

En el mismo lote aparece a veces la nostalgia, esa fantasía por estar en otro lugar en el que nos encontramos mejor en alguna otra época, evocar aquello que pasó como si hubiera sido lo mejor del mundo. Es en definitiva mirar con ojos de ahora lo que pasó hace mucho tiempo, magnificando aquello y sin poner el filtro de la realidad. Cualquier tiempo pasado fue mejor, dicen. No sé si fue mejor o peor, dependerá de la persona, pero sí está claro que somos quienes somos por todas las experiencias que nos componen, las buenas, las regulares y las malas.

También tenemos en este conjunto a la melancolía que a mí me retrae a imágenes tipo La dama de las camelias, mujeres enfermizas, vulnerables, apocadas. Ahora podríamos ver rasgos de depresión en muchas de ellas, pero hubo un tiempo en que esas imágenes eran idolatradas. Mujeres en apuros era el erotismo puro de la época.

Todas estas emociones componen un puzle en el que pueden ir juntas o separadas pero todas ellas nos dejan el cuerpo revuelto, nos hacen conectar con pérdidas profundas y con sentimientos de abandono y soledad. Añoramos aquello que ya no podemos tener.

¿Estarías dispuesta a erradicar tus emociones para que no influyeran en tu trabajo?

Hoy hemos elegido para trabajar la serie Separación, en la que su protagonista acepta trabajar en una empresa a cambio de un chip que deja fuera de su trabajo todos los recuerdos de su vida personal y con ellos, sus emociones. Sin espóiler, este hombre decide hacerse esta operación revolucionaria porque ha perdido a su mujer y no puede hacerse cargo de tanta tristeza. No conecta con el dolor y al no hacerlo borra de un plumazo todo el proceso del duelo. Lo aniquila a base de alcohol, quitar todo lo que le recuerde a ella y hacer como que no ha existido. Lo interesante de la serie es entender qué le está pasando a esa persona separada de sí misma en cuanto a reflexiones, recuerdos o propias vivencia.

¿Acaso el duelo desaparece por que nosotras lo decidimos? El cuerpo lleva la cuenta, y la mente recuerda aunque no queramos y en ese dilema está nuestro protagonista.

La serie nos presenta además a todo un grupo de individuos que han decidido hacer lo mismo y nos muestra cómo les afecta lo que han hecho. Todos ellos con vidas muy tristes, bien por falta de autoestima, por no atreverse a ser, y lo fácil ha sido separar esa parte del resto. Ojos que no ven, corazón que no siente.

Pero, ¿de veras es tan fácil disociarnos de nuestras emociones? Lo hacemos frente a situaciones traumáticas como mecanismo de supervivencia, pero, ¿Qué pasaría si lo hiciéramos para no sufrir en nuestro día a día? ¿Cómo aprenderíamos entonces a gestionar nuestro dolor, nuestra frustración, nuestro miedo, nuestra ira?

La tristeza suele desaparecer cuando otra emoción viene a destronarla, puede ser la alegría de volver a conectar con la vida o la ira, que finalmente nos saca de donde estamos y nos hace movernos hacia otro lugar. Lo que sucede en la serie tendrás que averiguarlo tú y hacer tus conjeturas sobre cómo funciona la mente humana. Es muy recomendable.

En cuanto a lo sistémico de esta emoción, hay mujeres que arrastran esa tristeza de sus sistemas, mujeres que no pudieron elegir sus propias vidas, sus propias maternidades, sus propios destinos y que a fuerza de callarse y aguantar desarrollaron esa melancolía profunda que va de generación en generación esperando ser vista.

¿Identificas esta emoción en tu sistema? ¿Cómo se trataba en él? ¿Se permitía o se castigaba? ¿Qué persona de tu sistema te viene a la cabeza si hablamos de tristeza?

Entender de dónde venimos nos da pistas, siempre, de adónde vamos.

Deja un comentario

search previous next tag category expand menu location phone mail time cart zoom edit close