Extimidad

¿Conoces el término extimidad?

Lo acuñó Lacan y viene a significar esa intimidad que mostramos y que cada día con más frecuencia llena nuestras pantalla. Puro exhibicionismo dependiente de miradas ajenas que premian y castigan los contenidos a base de corazoncitos, pulgares hacia arriba o comentarios hirientes.

Esta semana en Amociones hablamos de soledad y desamparo y el término nos encaja perfectamente para entender a esas personas que, encontrándose solas, buscan el calorcito externo a través de esos gestos o frases que puedan reconfortarlas.

El problema no viene en sí del propio exhibicionismo, allá cada cual con lo que muestra o no de su vida. El problema viene cuando estamos tan pendientes de lo que nos dice gente desconocida, que dejamos de lado a personas tangibles, aquellas que sí podemos abrazar o mirar a los ojos.

Repetimos hasta la saciedad en nuestros talleres la responsabilidad de encontrar familia afectiva, esa que nos acepta y quiere tal y como somos, en la que encajamos, en la que no hay juicios, ni abusos, en la que podemos SER.

Pero, ¿Qué pasa cuando no tenemos este tipo de sostén? ¿Qué hacemos para paliar la soledad? ¿Por qué nos cuesta tanto estar solas?

Socializamos para estar en grupo, somos mamíferas y gregarias y el grupo nos da esa noción de pertenencia que tanta falta hace para supervivir. Pero el grupo igual da que quita, y cuando quita viene una soledad impuesta que afecta a nuestra salud física y mental. De ahí que intentemos de todas las formas posibles volver a encajar en otro grupo, volver a sentirnos queridas, dignas de amor.

¿Qué es lo más raro que has hecho para no sentirte sola?

Cuando nos empeñamos en encajar solemos caer en relaciones tóxicas. El análisis es sencillo, nos volvemos dependientes y mendigamos haciendo lo que sea necesario para que esa personas o grupo nos acepte. De aquí nacen muchas relaciones de maltrato.

El amor que nace del miedo a la soledad es tan triste y poderoso como la muerte. Irene Némirovsky- El malentendido

Nos enseñan que en lo alto de la pirámide social está lo heteronormativo, lo monogámico, el matrimonio, la descendencia, y vamos haciendo cruces en las casillas a lo largo de nuestra vida, pero a veces, ésta se tuerce y vamos «rompiendo con esas normas establecidas» y nos quedamos solas. Cuando alguien se separa llega una soledad social, las amistades, en muchos casos, toman partido por una de las personas que componían la pareja y la otra queda excluida de las actividades de las que formaba parte hasta ese momento.

Es muy distinto estar sola que vivir sola. Hay una soledad impuesta por muchos tipos de razones: acoso escolar, acoso laboral, rupturas de pareja, neuro-divergencias, discapacidad, migración, orfandad…todo lo que hace que una persona, de repente y sin saber por qué, sea alejada del grupo, se quede sin esa pertenencia. A eso le llamamos desamparo.

Ese desamparo hace que nos quedemos solas ante el mundo, sin nada o nadie que nos proteja, que nos eche una mano, que nos sostenga, que nos abrace, que nos arrope con su mirada. Esa se siente como la soledad absoluta. Ahora la vemos a nuestro alrededor cuando miramos a esas personas que están abandonadas en la calle, en zonas de guerra implorando ayuda, a la deriva en el mar. Acompañadas de otras personas tan solas como ellas. Islas de soledad compartida.

Otras veces es esa «rareza» que nos hace únicas la que nos aísla. Para ello hemos trabajado con el cuento de Raquel Reguera ¿Qué le pasa a Uma?

Esa misma «rareza» nos lleva también a elegir la soledad, el no querer compartir nuestros espacios, no tener que estar negociando todo el día lo que hay y no hay que hacer, no tener que dar explicaciones. Esa soledad elegida es para muchas personas una isla de paz, pero a la vez, algo sobre lo que pasarse el día dando explicaciones.

¿Y cómo es que no tienes pareja? ¿Y cómo es que no quieres tener hijxs? Te vas a arrepentir…A ver quién te va a cuidar en la vejez…

Seguimos volcando en otras personas prejuicios y creencias propias de una sociedad que también nos impone una reglas creadas en su propio beneficio: No está diseñada para vivir solas. Todo lo que nos rodea está para ser consumido en paquetes de dos o familiares, pero, ¿Dónde quedan las personas que eligen vivir solas?.

Hasta hace poco no estaba bien visto comer sola en un restaurante, ir al teatro o al cine sola y ahora cada vez hay más gente que lo hace en solitario, que no es lo mismo.

¿Qué relación tienes con la soledad? ¿La temes o la buscas? ¿Te sientes a gusto cuando estás sola? ¿Te la han impuesto alguna vez?

Abrazar esa emoción y escucharla, conocer nuestros propios miedos a sufrirla, nos da más información de cómo somos y cómo podemos gestionarla.

Si te apetece saber más de ti recuerda que tenemos abiertos grupos de autoconocimiento todo el año. Grupos en los que nunca vas a sentirte sola, sino bien acompañada y bientratada.

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