Hablemos de orgullo

Ha sido pura coincidencia, pero resulta que esta semana en Amociones toca hablar de orgullo en pleno mes de reivindicación del Orgullo LGTBIQ+

Diferenciamos entre ser orgullosas, esa emoción que nos lleva a posicionarnos por encima de las demás personas, a no pedir ayuda cuando la necesitamos, a cerrarnos puertas, a no dar nuestro brazo a torcer aun sabiendo que no tenemos razón.

¿Eres orgullosa? ¿Qué consecuencias tiene mostrar tu orgullo? ¿Te lo tragas alguna vez?

Y por otra parte está el estar orgullosas de lo que hacemos o logramos. Ese sentimiento que nos hincha y nos eleva del suelo. Qué maravilla mirar atrás y ver todo ese camino que nos ha traído hasta aquí.

¿Te sientes orgullosa de ti? ¿Y de tu familia? ¿Qué haces para que se sientan orgullosxs de ti?

Volvemos también la vista hacia el sistema para entender el orgullo en él, ya que suele ser causa de exclusiones. Discusiones por orgullos heridos que hacen que las familias se separen y no vuelvan a hablarse. De esos lodos, estos barros, y ahora nuestra generación se come los marrones sistémicos de quienes no supieron arreglar sus rencillas.

Podemos también sentirnos orgullosas de nuestro barrio-pueblo-ciudad-país, pero también si formamos parte de una comunidad o colectivo, por supuesto de nuestra gente y cómo no, de nuestras criaturas. Incluimos en este apartado familiar a nuestros animales compañeros, que también nos llenan de orgullo cuando hacen sus monerías, esas que les enseñamos…

Cuando el orgullo sube de vueltas y se sitúa a otro nivel superior, surge la soberbia, el yo soy más que tú, valgo más que tú y te miro desde arriba, con desprecio.

No hay más que mirar a nuestro alrededor y ver cuántos líderes políticos la sufren sin medida alguna, creyéndose los reyes del mambo.

Las mujeres en concreto somos expertas en tragarnos nuestro orgullo, en aguantar, en callar, ya sea dentro de la pareja, en nuestra familia de origen o en nuestro trabajo. Nos enseñan a ser humildes y eso está bien, pero también lo está reconocernos y reconocer todo aquello que hacemos, tanto para nosotras como para las demás personas. Nos dicen que con el orgullo no se come y así lo que aprendemos es a bajar la cabeza, a adoptar posiciones de sometimiento y a no poner límites.

Esta semana te invito a reflexionar sobre todas esas veces en que te has tenido que tragar ese orgullo bueno para que otras personas no se sintieran mal y en cómo te ha hecho sentir a ti.

Hemos utilizado como muestra Orgullo y prejuicio de Jane Austen en su versión cinematográfica para ver cómo tiene también una gestualidad y una corporalidad. Por otra parte también hemos recomendado Te estoy amando locamente para entender y dar visibilidad a esa otra parte de orgullo identitario con esta película que pone sobre la mesa las primeras movilizaciones en España, así como Pride lo muestra en Reino Unido, esta vez añadiendo otro tipo de orgullo, el de los mineros por su trabajo y las condiciones que tenían que soportar.

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