
Comerás flores, de Lucía Solla Sobral me ha gustado tanto como me ha removido. Con razón dicen que es uno de los libros del año. Me llamó la atención por su portada y me lo llevé a casa sin saber muy bien qué iba a encontrar dentro. Lo que he descubierto me ha conmocionado, me ha hecho llorar y me ha hecho reconciliarme con mi yo de hace 35 años.
Cuando hablo de relaciones y violencias en los talleres, lo hago desde la teoría y desde la experiencia. Creo que a estas alturas muchas de nosotras hemos descubierto ya que vivimos relaciones de maltrato que pasaban por noviazgos «normales» en aquella época. Leer acerca del maltrato sutil, ese que sólo ve quien vive con su maltratador, ese que pasa de largo por las miradas de quienes te rodean, que te duele en lo más hondo, que no te deja respirar, que te hace perder la conciencia de quién eres es volver a tocar una tecla que tenías olvidada, pero que sigue siendo necesario recordar de vez en cuando para no perder de vista todo el camino hecho hasta hoy.
Castigos de silencio, echarte la culpa de todo lo que pasa, tratarte bien en compañía de otros y mal a solas, acelerar el coche hasta que te quedas sin habla, criticar tu cuerpo haciendo que te sientas fea, no tener en cuenta tu opinión, no saber por dónde van a venir los gritos, sexo sin consentimiento…¿Te suena?
Si tu respuesta es no, enhorabuena, pero sí tu respuesta ha sido sí…
Salir del maltrato es dejarse caer hasta el fondo, tocar por debajo del lodo, ensuciarse las manos con tanto barro, no reconocerse, perderse, fingir que eres otra persona, que no te afecta, que a ver cómo cuentas esto sin parecer que estás loca, sin parecer que te lo has buscado tu solita.
Aislamiento. Dejar de lado a tus amigas, no salir con nadie más que con él, creer que es quien llena tus días y tus noches, que no hay nada mejor, sucumbir a todos sus caprichos sin pensar en lo que tú quieres. Eso no es amor, es una condena.
Yo entonces no sabía lo que era el feminismo, no había leído nada al respecto y no tenía ningún referente en el que mirarme que fuera diferente a lo que estaba viviendo. Escuchaba que en la pareja hay que aguantar, que ahora las jóvenes nos cansamos enseguida y no aguantamos nada…y así nos va el pelo.
La protagonista de la historia sí tiene referentes feministas, ha leído todo sobre su teoría y sabe que lo que pasa no encaja con lo que debería ser, pero aun así deja que suceda porque quien se lo vende, se lo vende muy bien, en papel de regalo y con un gran lazo. ¿Quién te va a dar lo que él te da?
Y, ¿Dónde nos deja eso a nosotras? ¿es que acaso no merecemos ser amadas por lo que somos? ¿ser respetadas por nuestras voces, por nuestras convicciones?. Nos enseñan a ser complacientes desde pequeñas: Si no te portas bien, no te quiero, y luego, de aquellos lodos, estos barros.
¿Cómo decir a tu familia que ese que creen perfecto para ti, que les baila el agua y se muestra atento te maltrata? ¿No será que estás exagerando?
Pero el cuerpo no engaña…a la protagonista le llega el mazazo en forma de bulimia, comienza por vomitar la carne que la obliga a comer, siendo ella vegana, y termina vomitándolo todo. El cuerpo no puede más con la tensión y la bulimia es lo único que puede controlar de esa vida que se está descontrolando.
Y tampoco engaña a su mascota, Frida, que sufre las consecuencias de que ella esté mal, que sufre estrés, que lo muestra una y otra vez y que pasa desapercibido.
¿Somos conscientes de lo que provocamos a nuestro alrededor por no escucharnos, por no poner límites?
Después de la caída viene el duelo, viene la tristeza por lo que no ha funcionado, por lo que pudo ser y no fue. La rabia por haberte dejado tratar así, por no haber sabido poner límites, por haber dejado de lado tu vida como si importase menos. El miedo a que aparezca, a que vuelva a llamar, a no saber qué contestar, a que te haga daño. Pero también la alegría de volver a reconectar con una misma, de hacer lo que te dé la gana, de volver a salir con tus amigas (si te queda alguna), de volver al placer de elegir y un día llega la aceptación y ese día en el que no piensas más en él, en el que te sientes contenta todo el día, en el que por fin vuelves a sentir que eres tú, es el más feliz de tu existencia.
Ahora sólo queda no volver a perderse.
Cuando cerré el libro me acordé de una frase: Cuando estés en pareja, cuida de tus amigas. Creo que lo dice todo.
Corre a comprarlo porque es una novela magnífica y conmovedora que nos abre los ojos a relaciones que son más normales de lo que creemos.
