
Se habla mucho de deconstrucción, de dejar atrás hábitos que no nos aportan nada, de repensarnos como personas, como ciudadanas, como madres, como hijas, como amigas…pero poco se habla de cómo reconstruirnos una vez deconstruidas.
No es tan fácil como hacer borrón y cuenta nueva.
Reconstruirnos supone dejarnos como un solar y volver a empezar, dejando por el camino muchas relaciones que, además de no nutrir nada de nada, nos llevaban cuesta abajo y sin freno. Imagina una gran bola de demolición haciendo diana en tu estómago.
Es decirle a nuestra mente que borre y elimine un montón de archivos que llevan en ella mucho tiempo, y sabemos que la mente eso de borrar no lo lleva del todo bien. Disponemos de un apartado de olvido voluntario pero eso que decidimos llevar a ese fichero, aparece cuando menos lo esperamos.
¿Cuál sería la solución entonces? ¿Podemos reescribir nuestra historia sin más? ¿Podemos narrarnos de forma diferente?
Lo importante en la narrativa no es la verdad, es la utilidad.
Laura Ferrero- Los astronautas
Entonces, ¿podemos inventarnos otra vida? ¿podemos diseñarla a nuestro antojo?
Por poder…pero, ¿acaso eso no sería volver a engañarte? No va por ahí la solución.
La propuesta es mucho más bonita: respirar y con ello habitarnos y poder modificar nuestra estructura cerebral para que sea más flexible, para que encaje mejor lo que nos pasa y además poder darle un nuevo significado a todo lo que nos pasó y por qué lo hizo.
En El puente que habitan las mariposas, Nazareth Castellanos propone todo un ejercicio de revisión de nuestra respiración: biosofía y con él una propuesta sobre esculpir nuestro cerebro y de esta manera llenarlo de pensamientos positivos que generen nuevas respuestas. Esa es la verdadera reconstrucción. Pensarnos, respirarnos y habitarnos de otra forma.
Podemos deconstruirnos pero seguimos viviendo en este mundo y las noticias son las que son pero también podemos evitarlas. No se trata de vivir en la ignorancia, se trata de dosificar cómo llegan a nosotras, en qué medios nos informamos y cómo impactan en nuestros cerebros. Nos acerca a estudios que demuestran que esa exposición a noticias continuamente cambia nuestro cerebro y nuestra forma de enfrentarnos al mundo, tanto para bien como para mal. Un mal impacto hace que estemos más abiertas al conflicto. Tener en cuenta lo que vemos, dónde lo vemos y durante cuánto tiempo también contribuye a una buena higiene mental.
Construimos cuando protegemos el crecimiento. Habitamos cuando nos cuidamos y somos nosotras mismas. Pensamos cuando lo hacemos con agradecimiento. Construir, habitar, pensar. Así se esculpe el cerebro.
Nazareth Castellanos
Pensar con agradecimiento transforma nuestros pensamientos. Eso estamos haciendo este trimestre en Gratitud. Trabajar desde lo positivo que nos pasa, aprender de lo que nos ha traído hasta aquí, revisar a todas aquellas personas que lo hicieron posible, echar al vista atrás a nuestro sistema para agradecer todos los dones que nos llegan de nuestrxs ancestrxs. Vivir con gratitud y desde la gratitud también transforma nuestros cerebros, nos hace más amables y con ello nos da una nueva perspectiva sobre nuestra vida y cómo vivirla.
Nazareth Castellanos, propone renacer para llegar a la esencia y en ese viaje vamos a revisar con mucho cuidado nuestro diálogo y monólogo interno.
¿Cómo nos hablaron? ¿Cómo aprendimos a hablarnos? ¿Cómo nos afecta? Existe una narradora que llevamos dentro cuya narrativa se traduce en la química del cuerpo. De ella depende la generación de cortisol o de dopamina. Podemos vivir enfadadas o contentas. Nuestro diálogo interior es una conversación sin palabras que va sembrando en nosotras lo que escuchamos y va germinando poco a poco. Según te hables o te refieras a ti esa semilla dará unos frutos u otros. Observar ese diálogo nos da pie a poder transformarlo y con ello transformar también lo heredado para que tenga una forma de llegarnos más amable y saludable.
Esa voz interna la aprendemos en la infancia por eso en los talleres es importante volver una y otra vez a revisar nuestra historia de vida, cómo nos la hemos narrado y cómo nos la han narrado. Es tomar la responsabilidad de poder decidir sobre mi propio relato.
Nos construimos con etiquetas exteriores, opiniones, juicios. Todo el mundo parece tener una opinión acerca de cómo somos, de cómo sentimos, de cómo nos comportamos, pero pocas personas se pararán a vernos tal y como somos, a escuchar lo que tenemos que decir de nosotras mismas.
Y aquí tenemos también el monólogo interior, otra voz que surge desde la autocrítica, la autocensura, basada en todo aquello que nos han echado encima, es la voz de la autoevaluación social. El tono en que se desarrolla actúa sobre nosotras alentándonos o desmotivándonos.
Todos podemos ser escultores de nuestro propio cerebro, si nos lo proponemos.
Santiago Ramón y Cajal
De esta forma, desde la amabilidad, desde la gratitud y tras atravesar duros laberintos de vida, varios duelos, varias caídas y varias levantadas, podemos ir poco a poco transformando esas experiencias en vivencias de aprendizaje, podemos ir poniendo límites, podemos ir actualizando nuestras narrativas, marcando nuestro espacio personal y decidiendo cuál es nuestro camino y cómo queremos transitarlo. Aquí comienza nuestra reconstrucción como seres humanos.
Sólo en el habitar reside el ser.
Heiddeger
¿Estás dispuesta?
