Somos increíbles, pero…

Aunque a veces quieran hacernos ver que lo somos, no somos increíbles, simplemente somos humanas. Humanas que se echan a la espalda lo suyo y lo de las demás personas que las rodean en un alarde de súper mujer que está oliendo a moho desde hace un tiempo.

Eso de la corresponsabilidad ni se la ve, ni se la espera. Nos meten en venas lo de ser madres entregadas, esposas complacientes, hijas obedientes, amigas a muerte y nadie nos dice el coste que todo esto pasa a nuestros cuerpos y mentes.

Ansiedad, depresiones posparto, depresiones sin más, trastornos alimenticios, adiciones, estrés, dermatitis, dolores crónicos…suma y sigue. Todo un catálogo de enfermedades y síntomas que se entrelazan para hacer de nuestra vida un infierno. Eso es realmente el infierno y no el de Dante. Qué sabría él de llevar carga mental y física en una familia…

Si Dante hubiera sido mujer y madre, La divina comedia tendría los círculos del infierno trazado de otra forma. Estarían divididos en todo aquello que nos complica la existencia hasta el mínimo detalle:

Tendríamos un círculo con todas las características del amor romántico, lleno de nubes de algodón que lanzaran polvo atontador, de ese que no te hace ver lo que ves, sino lo que quieres ver y deseas, un polvo que cuando miras a tu pareja te nubla la visión, te hace pensar que ya cambiará, que contigo va a ser diferente, que las cosas no tienen por qué cambiar.

El siguiente círculo estaría lleno de esas parejas que dicen que te apoyan en todo pero andan todo el día buscando excusas para no llegar a tiempo a bañar a los niños, que buscan reuniones fuera de horario para evitar enfrentarse a las cenas o los cuidados, que no se acuerdan de cómo se llama el pediatra o dónde se guardan los pijamas.

Uno más en el que esos mismos padres «ejemplares» te venden la moto de lo cansados que están y de que necesitan su propio espacio para despejarse, para relajarse. Tú no, tú puedes con todo.

Por supuesto no falta el círculo de aquellos que te repiten hasta la saciedad que fuiste tú la que quisiste ser madre, ahora no te quejes. De que su trabajo es trabajo y el tuyo un hobby, de que al fin y al cabo el que trae el dinero a casa es él. No dicen en ningún momento que no tuviste elección, que insistieron en no usar ni que usaras contraceptivos, que no puedes incorporarte porque las niñeras y guarderías están por las nubes y quién mejor que tú para cuidar de tus criaturas.

Un círculo dedicado a esos jefes y jefas que son incapaces de entender que los horarios de trabajo están hechos en contra de esa conciliación familiar. Aquí podemos meter también a quienes legislan en contra del pueblo, que diría Doña María (referencia boomer donde las haya), y que no facilitan nada que tus criaturas estén escolarizadas lo más cerca posible de tu trabajo en lugar de tu domicilio.

Tampoco falta el círculo social, esos demonios en forma de gente que critica y enjuicia sin saber nada de tu vida ni las circunstancias que tienes, que te dicen que te cuides, que no es para tanto, que toda la vida se ha salido adelante, que eres un floja, que ahora nos quejamos de todo, que nuestras abuelas no rechistaban.

Círculos y círculos infinitos de personas, gentuza al fin y al cabo, que no tienen nada mejor que hacer que poner en tela de juicio cada segundo de nuestras vidas. Da igual si tienes o no criaturas, el juicio es para todas por igual.

Estamos dejando una sociedad que de ser igualitaria tiene poco, de equitativa mucho menos y de conciliación familiar nada de nada. A todos los niveles.

Por si fuera poco nos culpan de todo lo que pasa en el mundo, que siempre es lo más fácil…Como ejemplo te dejo dos series que no te puedes perder y en la que vas a ver todo lo anterior y alguna sorpresa más que te va a dejar ojiplática.

En ambas se encuentra la fatídica frase: eres increíble dicha por esos «mariditos» que tienen un círculo especial en este infierno particular. Dice una de sus protagonistas «no quiero ser increíble», lo que quiere realmente y no le dice es que sea un adulto funcional y se ocupe de su hijo. Hombres que van de salvadores, de que saben mejor que tú lo que te conviene, esos que además están encantados de ser los padres del año de cara a la galería y después en casa no hacen ni el huevo…señoros de toda la vida vestidos de marca, que van de modernos, de aliados, pero que dejan entrever sus orejas de lobo debajo de la piel de corderos.

Ojalá un infierno donde meterlos a todos…y que se hagan compañía.

Menos mal que la cara positiva de esta medalla son las amigas, esas que sostienen, que ayudan, que se ponen en primera línea, que saben guardar confidencias, que son fieles. De las otras también hay, que de todo hay en la vida, pero mejor me quedo con las que vale pasar el tiempo. Aquí te das cuenta de todo lo que ha hecho el patriarcado por enfrentarnos, por que nos juzguemos unas a otras, porque rivalicemos todo el rato por cualquier cosa, qué bien darnos cuenta de ese gol que nos han metido y deconstruir de una vez ese mandato. Juntas somos mejores, y eso da miedo.

Así que sí, somos increíbles pero no tontas, no nos vendáis la moto de que nosotras lo hacemos mejor, simplemente es cuestión de práctica, y nosotras llevamos mucho más tiempo practicando, así que ya es hora de que nos tomen el relevo.

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