
¿Cuántas cosas inconscientes hacemos en nombre de las demás personas? ¿Cuánto enfado, ira, tristeza, apatía…cargamos en nombre de otras? ¿Qué no haríamos por pertenecer a nuestro sistema y ser reconocidas, amadas?
Desde el momento en que nacemos buscamos que nos hagan caso, en principio por pura supervivencia y después porque sin la mirada del otro no somos. Esto no es así realmente, pero somos conscientes de ello cuando podemos pararnos a mirar hacia adentro y vaciarnos de todas las etiquetas impuestas que traemos de serie desde que venimos al mundo.
Ya hemos hablado del Orden de Pertenencia y de todo lo que inconscientemente hacemos por pertenecer a ese sistema que nos protege y acoge en la mejor de las situaciones, pero hoy vamos a hablar de las mujeres de ese sistema y de todo lo que, como mujer, puedo hacer para pertenecer a ellas.
Si echamos la vista atrás en nuestro genograma veremos que hay toda una serie de relaciones y repeticiones de hechos. En muchos casos tras varias generaciones se repiten esos mismos patrones de comportamiento de forma inconsciente. La carga la llevamos por ejemplo las nietas. En nosotras está el ver qué pasó en ese sistema que necesita ser visto, integrado, incluido.
Cuando empecé a trabajar con Constelaciones familiares una de las mayores sorpresas fue este tema. Entender que muchas de mis acciones en el presente tenían que ver con lealtades a esas mujeres de mi pasado, y sólo poniendo orden en el sistema puede dejar con ellas su carga y mirar hacia mi vida y honrarla plenamente.
Lo que sigue a continuación no es mi propio relato, que también, sino un compendio de todos los temas vinculados a este que salen en los talleres de Constelaciones familiares:
- Mujeres que sienten enfado hacia los hombres: Quizás porque a lo largo y ancho de ese árbol familiar se han visto abocadas a casarse sin querer hacerlo, con quien no querían hacerlo, siendo tratadas como simple mercancía. Obligadas muchas veces a reproducirse sin preguntarlas para nada, teniendo hijx tras hijx sin descanso, viendo como sus cuerpos se iban desfigurando y su vida pasaba sin hacer otra cosa que criar a la prole. No tuvieron opciones y ese enfado, esa rabia que no pudieron mostrar en su tiempo, nos puede llegar a nosotras con la misma fuerza. De esta forma nos encontramos llegando a relaciones y boicoteándolas por enfado con los hombres, haciendo que paguen por aquellos que no pagaron: «YO como vosotras» «Lo hago por vosotras»
- Mujeres incapaces de sentir placer en su cuerpo: cerrándose al disfrute porque aquellas no lo tuvieron, porque en muchos casos fueron abusadas o violadas y en venganza y por ellas no se permiten disfrutar ahora. «Controlo mi dolor para evitar el vuestro» «Rechazo mi placer por lealtad a vosotras»
- Mujeres que enferman para equilibrar el sistema: como si estuvieran pagando por algo que quedó pendiente, o en algunos casos porque ese sistema tenía normas muy estrictas sobre los valores a seguir. Si esas mujeres, por ejemplo, han abortado en el presente, puede que después enfermen como expiación a ese «pecado». Y lo hacen por ellas, por aquellas de donde vienen, para pertenecer. «Lo hago para ser como vosotras»
- Mujeres que arrastran la culpa: viviendo un presente mejor que sus antepasadas y no siendo capaces de darse la oportunidad de disfrutarlo. De esta forma van perdiendo lo que generan por lealtad al sistema. Repiten sus vidas miserables para pertenecer en lugar de vivir una vida mejor. «No merezco llevar una vida mejor por lealtad a vosotras» Así lo que hacemos es deshonrar esa vida que nos regalaron.
- Mujeres que eligen la No maternidad: En sistemas prolíficos en los que todas las mujeres han tenido descendencia es ponerse en contra de lo que dicta ese sistema, es poder elegir y eso genera culpa. «Permitidme elegir mi maternidad»
Podría haber muchos más ejemplos pero con estos ya tendríamos una muestra importante de los desequilibrios que podemos sufrir por esa lealtad a las mujeres de nuestro sistema.
Lo importante después de reflexionar donde nos duele a cada una esa lealtad, es entender que cualquier madre siempre quiere lo mejor para su prole, independientemente de la época y las circunstancias. Por ello lo mejor que podemos hacer es visualizar a nuestras ancestras para agradecer todo lo que hicieron para que nosotras ahora tengamos la vida que tenemos. Dejamos con ellas sus cargas, sus enfados y tomamos la vida que nos regalaron y la honramos viviéndola lo mejor posible. «Gracias por mi vida, la honro y la tomo de vosotras. Y miradme bien si yo lo hago de otro modo» «Tomo lo mío y dejo con vosotras lo vuestro»
Este sería un primer paso para empezar a equilibrar el sistema, sabiendo que cada cual carga con lo suyo y haciéndonos responsables de lo nuestro y de la vida que nos ha tocado vivir. A partir de aquí lo interesante es poder hacer un acompañamiento terapéutico para cerrar correctamente cada paso del camino.
Si te resuena podemos hacer esa parte del camino junto a ti.
