
¿Cuántas veces en nuestra vida nos hemos encontrado escuchando frases similares a las que encabezan este cuento? Frases que en la cabeza de una criatura forjan la creencia de haber destrozado la vida de su madre, de haber tenido la osadía de venir a este mundo rompiendo sus sueños, sus aspiraciones.
Quizás no las hayamos oído así…pero igual han dejado caer otras como: «si no hubiera tenido hijas todo sería muy diferente», «tú no tengas hijas, que te cambian la vida y te la vuelven del revés», «Yo que tenía toda la vida por delante…», «cuando llegaste tú, se acabó lo bueno».
Esta semana en el taller de MaternARTE hemos reflexionado sobre las maternidades no elegidas. No quiere decir que estas mujeres, puede que entre ellas estén nuestras madres, no estén luego orgullosas de haberlo sido, sino que les llegó la maternidad cuando no estaban preparadas. Pero…¿se está alguna vez preparada para lo que llega después?
Una criatura lo cambia todo, es un ser que depende del todo de ti, al menos los primeros años de vida, y está claro que esta sociedad decide casi unánimemente que esos cuidados recaigan sobre las mujeres. Esto hace más difícil enfrentarse a esa maternidad, bien por juventud, bien por no tener una buena red de apoyo, bien porque llega a través de una violación…
No siempre se tiene la opción o la libertad de elegir, no siempre se puede abortar, o dar en adopción, y muchas veces esa maternidad no elegida se traduce en criaturas que de alguna forma pagarán sus consecuencias. Apegos evitativos derivados de cuidadoras que no lo supieron hacer de otra forma, personitas que nacen pensando que no merecen amor, que no son suficientes para sus madres…
Hablo de madres, porque hablo de maternidades no elegidas y en el mayor porcentaje de los casos son mujeres que se han hecho cargo de esas criaturas que llegaron sin avisar, en muchos casos fueron expulsadas de sus familias, de sus pueblos, por ser la vergüenza de sus sistemas.
Qué pena de mundo que sigue castigando a las mujeres en lugar de hacerlo con los hombres que las dejan embarazadas y no cumplen con sus obligaciones.
Teniendo esto en cuenta, mirábamos ayer hacia nuestros sistemas familiares y a esas posibles criaturas que fueron abandonadas a su suerte en un torno porque aquellas mujeres que los alumbraron fueron violadas por «los señoritos» de la época o por amores fugaces que se dieron a la fuga, valga la redundancia, después de haber sembrado.
Esas criaturas pudieron ser nuestras abuelas, o madres…y qué bien que podamos hacer movimientos de gratitud y perdón en esos sistemas para abrazar lo que fue, aceptar lo que no pudo ser y transmitir a nuestras propias criaturas todo el amor que se merecen. En nosotras está el cambio que el mundo necesita.
