Seamos cochinas!

Después de ver la serie me declaro cochina, cochina. No porque me guste la pornografía, no. De hecho estoy completamente en contra de lo que circula por ahí…pero la serie me ha gustado mucho y es de lo mejorcito que he visto en mucho tiempo.

Imagina un Valladolid-o tu propia ciudad o barrio- en 1998, los vídeo clubes estaban un poco de capa caída porque ya había donde elegir en la televisión, pero seguían estando al día en estrenos cinematográficos y aún funcionaban bastante, sobre todo los grandes.

Y aquí viene la trama. Un pequeño vídeo club que no va bien y parece que va a ir peor por algo que pasa y que obliga a la mujer del dueño a tomar las riendas del mismo.

La reflexión a la que llega sobre que hay más degenerados queriendo ver porno a gente viendo cine normal no es nueva, es de cajón, más en un país en que sigue habiendo mucho puritanismo y mucha hipocresía. Los mandatos de género, las creencias y muchas veces la ignorancia nos han relegado a un lugar secundario en nuestras sexualidades y había que buscarse la vida intentado vivir lo que nos faltaba en películas o libros.

Esta mujer, Malena Alterio, que está maravillosa, decide arriesgar todo y apostar por un espacio diferente. Lo que no imagina es la transformación que va a resultar de ello.

Con un reparto estupendo, variado, diverso y tan real como la vida misma, vemos desfilar a muchas mujeres que tienen contacto con su deseo y su placer. Vemos las particularidades de cada una de ellas y cómo esto acaba encontrando un lugar en común donde hablar y resolver dudas.

Es una maravilla ver cómo el barrio va cambiando y cómo hay detractorxs de lxs que no quieren que cambie nada-para variar- y por otro lado quienes defienden esa libertad de elegir y ver para aprender.

Muchas veces volvemos una y otra vez en los talleres a la sexualidad de nuestras ancestras. Ellas no sabían de la misa la media mientras ellos se «estrenaban»con prostitutas. Ese desconocimiento sigue estando vigente. Sigue sin hablarse de sexualidad en la escuela, en los institutos, en las casas! Y así nos ha ido el pelo, señoras! Preguntarnos a cerca de nuestros deseos, darnos placer, conocer nuestros cuerpos y los cuerpos de nuestras parejas es lo que garantiza buenos encuentros sexuales.

No es que la pornografía sea la mejor escuela, pero en una época en la que lo audiovisual no tenía tanto tirón como ahora, era la única forma de ver otras maneras de tener sexo y otras opciones. Al final de la serie hay una reflexión estupenda a cerca del porno feminista-que tampoco me convence- y de su visión en las actrices y en los guiones de las películas que produce.

Muy recomendable y muy divertida.

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