Parece que los astros se alinean cuando estoy preparando el nuevo trimestre, el último del año, en el que trabajaremos con MaternARTE los martes y con Genograma literario los jueves. El Universo va poniendo frente a mí a mujeres atravesadas por violencias sistémicas, tanto familiares como sociales y personales. Esas mujeres me interpelan desde la pantalla y por supuesto desde las páginas de los libros que llegan a mis manos.
A través de diversos talleres hemos ido trabajando con todo lo que nos atraviesa como humanas pertenecientes a un sistema que a su vez pertenece a algo más grande. No importa de dónde vengas, seguro que alguna de esas violencias- si no todas- te han tocado de alguna manera, a ti y las mujeres de tu vida.
Las mujeres compartimos una forma de estar en el mundo, y da igual aquellas que piensan que vivir en el ideal machista es lo suyo, también a ellas las atraviesa. La diferencia con ellas es que quienes nos hemos puesto las gafas moradas somos capaces, no sólo de identificarlas, sino de no volver a caer en ellas. Para eso nos arriesgamos a mirar en el fondo de nuestra alma, de nuestros recuerdos, de nuestros malestares, para ponerlos sobre la mesa, para poder nombrarlos y compartirlos y desde ahí ponerles remedio.
Cuando diseñé MaternARTE hace unos años pensé en todas estas cuestiones, en cómo poder recogerlas para dejar que nos pasaran por el cuerpo y desde esa presencia en nosotras lanzarlas fuera para poder mirarlas con otros ojos, con otra conciencia. Desapegarnos de la idea del maternaje como fuente externa y empezar a practicarlo como fuente interna, como esa luz que nos ilumina desde dentro y nos llena de fuerza. Es un aprender a darnos lo que necesitamos sin depender de nadie.
Y en este camino han ido llegando a mi vida mujeres que muestran diversas formas de hacer ese recorrido laberíntico.

Un ejemplo son las tres mujeres que conforman este maravilloso libro de Desirée de Fez, No la dejes sola. Un diálogo aterrador con nuestras partes internas, con aquello que dejamos atrás y no queremos ver, que hemos olvidado.
¿Cuáles eran nuestros sueños de niñas-adolescentes? ¿Cuántos hemos cumplido? ¿A qué hemos renunciado?
El cuerpo es importante en esta novela, el cuerpo se rebela, se pone en pie y atraviesa esas violencias que las mujeres parecen haber olvidado, les va enseñando el camino de vuelta y no de la manera más amable.
La maternidad de las tres atraviesa toda la novela, viendo cómo la ejercen cada una de ellas, cómo se han ido adaptando y cómo unas han ido renunciando a unas cosas y otras a otras, entre ellas a la clase social que las une. Tiene además todo un alegato a los centros comerciales y a lo que albergan entre semana que me ha dejado loca.
Esa maternidad que es única en cada mujer y a la vez algo tan común en todas.

En Yo siempre a veces vemos a una mujer joven que es madre dentro de una pareja- digamos moderna- a la que le gusta divertirse, que tiene unos trabajos relacionados con el mundo de la farándula y el artisteo ella, y con la noche y la diversión él.
¿Quién renuncia a todo por la crianza? ¿Quién tira el carro de los cuidados? ¿Quién se lo come todo solita?
Has adivinado y supongo que no hace falta pensar mucho para entender que cuando esa renuncia no viene acompañada de nuestras expectativas en cuanto a lo que queremos para nuestro bebé, nuestra pareja y la vida en común, todo se desmorona. Es muy interesante ver la precariedad en las familias monoparentales, la imposibilidad de esa crianza cuando no hay quien te pueda ayudar con el bebé mientras trabajas o lo intentas. Otra cara de este prisma es la familia afectiva y hasta dónde puede llegar en esa ayuda.
La serie es todo un viaje de aprendizaje, de coraje y de tenacidad, sobre todo de esta última para poder llegar a todo y no renunciar a lo que para la madre es importante. Pero a veces luchamos tanto por conseguir algo que cuando lo tenemos no nos parece tan maravilloso como lo esperábamos.
¿Qué no quiero en mi vida? ¿Qué quiero? ¿Cómo puedo conseguirlo? ¿Quién puede ayudarme?
Todas deberíamos tener una lista con esas respuestas. De momento sería ideal para entendernos y sobre todo para tener claro cuáles son nuestros límites, nuestros innegociables y aquello que queremos negociar, sea con quien sea.
En Margo tiene problemas de dinero las respuestas van cayendo por capítulos. Una estudiante que se queda embarazada de su profesor que a la vez está casado y ya tiene dos criaturas. Como en la anterior serie no surge siquiera la posibilidad del aborto, de elegir seguir con la vida tal y como está. En ambas la maternidad es algo que tienen en mente o eso parece.
¿Qué harías para sacar a tu criatura adelante? ¿Te plantearías la prostitución si no tuvieras otra salida? ¿Cómo crees que afectaría tu decisión al futuro de tu criatura?
La serie es un debate ético sobre Only fans y su metodología para ganar dinero. No estoy de ninguna forma a favor de la prostitución pero entiendo perfectamente la decisión de hacerlo cuando no hay otra forma posible de ganar dinero. No es un alegato contra la madre, es un alegato contra el sistema que favorece que mujeres jóvenes tengan que hacer esto porque si no, no pueden pagar todo lo que la crianza les exige.
En ambas series se ve el fracaso del sistema, tanto en España como en USA, un sistema que las abandona a su suerte, que no proporciona guarderías, que las machaca con turnos de trabajo imposibles y precarios, con falta de vivienda asequible. Todo esto que está ahora en boca de todas. Y sí, son violencias que nos atraviesan a nosotras, que nos han atravesado toda la vida y que por más que se pongan sobre al mesa no encuentran una respuesta, sólo evasivas o leyes que acaban no sirviendo para nada.
También en ambas series los padres aparecen para demostrar que ellos pueden más que ellas y se caen con todo el equipo. La corresponsabilidad en la parentalidad está en entredicho, ser padres es más que ser donante de esperma, que es lo que son algunos que piensan que eso ya les da derecho a opinar y a decidir sin implicarse en los cuidados, sólo enjuiciando y denunciando. Poner las cosas difíciles sí parece cosa de hombres.
¿Por qué elegimos a las parejas que elegimos? ¿Seguimos un patrón? ¿Qué buscamos en ellas?
Esas carencias que tenemos en la vida, que las tenemos, no podemos pretender que nos las den nuestras parejas porque ellxs a su vez tienen las suyas y no estamos en este mundo para complementar lo que otrxs no tienen, estamos para complementarnos a nosotras mismas, para ser seres completos, aceptarnos, aceptar a nuestras partes internas y aprender a no mirar hacia afuera sino hacia adentro en esas carencias.
¿Qué necesito? ¿Cómo puedo dármelo?
También son preguntas cuyas respuestas deberíamos tener claras y aquí llega Se tiene que morir mucha gente para entender su importancia. En este caso habla de familia afectiva, de esa que conservamos desde la infancia, que nos conoce bien y nos dice lo que piensa a la cara, independientemente de cómo nos lo tomemos. La serie sigue a tres amigas que no tienen muy claro dónde están en sus vidas. Cada una de ellas ha tomado decisiones que las ha llevado a sitios diferentes y en plena crisis deberán decidir qué camino tomar en sus vidas.
¿Cómo nos llevamos con nuestra niña interior?
Si hay algo que me ha fascinado de esta serie es justo esa propuesta. Un personaje que se ha quedado demasiado pegada a esa niña y lo que esa niña quería en la vida y se pasa el tiempo criticando, enjuiciando y amargando la vida de la adulta.
Reconocer a esa niña interior, sus inquietudes, sus sueños, sus expectativas, escucharla, abrazarla, aceptarla y sobre todo, negociar con ella es lo que nos hace cerrar el círculo, lo que nos hace completarnos. Es primordial saber entender qué partes internas se han quedado heridas de algún modo para poder darles lo que necesitan. Ellas forman parte de nosotras y sin ellas no seríamos las que somos. Descubrirlas es descubrirnos.
Además la serie está marcada por todas las violencias transversales que arrastran en sus vidas: personal, relacional y socialmente. Lo que nos toca en una de las esferas nos toca en todas las demás. Violencias como el machismo, la homofobia, el clasismo, la medicalización en la salud mental y la maternidad como algo obligatorio salen a flote en cada una de ellas.
Si hay algo que nos une y nos iguala es justo eso, las violencias que nos atraviesan. Ponerles nombre, mirarlas a los ojos y compartir nuestras experiencias es parte del camino de la sanación y de la resiliencia. No estamos solas.
