Experimentando

El ser humano se pasa la vida experimentando. Desde que nacemos miramos a nuestro alrededor y probamos, sólo probando podemos ver si somos capaces de hacer o no hacer algo.

Lo bueno es que a medida que vamos experimentando con nuevas cosas empezamos a conocer nuestros límites, vemos que somos capaces, o por el contrario fallamos y de esa forma también ganamos, porque fallar es el principio de aprender a frustrarnos, de tener tolerancia al fracaso.

No es necesario ganar siempre, está bien perder y en ese aprendizaje salir reforzado.

En psicología se usan distintos métodos de experimentación para ver la respuesta de los sujetos. En los que te muestro a continuación además de las respuestas es necesario un análisis de comportamiento que se arrastra hasta el día de hoy.

Por orden cronológico el primer experimento es de 1951 y lo llevó a cabo Solomon Asch para demostrar cómo el comportamiento individual está condicionado por lo que hace el grupo. Para ello tenía dos tarjetas con unas líneas:

Los sujetos, tenían que ponerse en fila y contestar cuál de las líneas de la tarjeta de la derecha era igual de larga que la de la tarjeta izquierda. El truco estaba en que no todos eran sujetos de control, había actores delante del sujeto en la fila e iban contestando que todas eran iguales, de forma que al llegar su turno el sujeto de control daba la misma respuesta aun sabiendo que eran diferentes. Los participantes reales comenzaron a expresar emociones como la duda y  la inseguridad, y casi un 40% de las veces acabaron escogiendo la opción incorrecta.

¿Cómo reaccionamos cuando todo el grupo piensa de una manera o escoge una opción que no es la nuestra?

En la mayoría de los casos damos una respuesta que no es la que queremos sólo por sentir la pertenencia a ese grupo, por sentirnos respaldadas en él.

El segundo experimento que me llama la atención por lo que está pasando actualmente a nuestro alrededor, lo llevó a cabo Stanley Milgram en 1961. Se dio cuenta tras los juicios de Nuremberg que prácticamente todos los acusados eximían su culpa en que cumplían órdenes y de esa forma declinaban su responsabilidad en lo que habían hecho. Decidió hacer un experimento con un grupo de control. La cosa era convencer a un sujeto A de que formaba parte de un estudio de memoria y que al otro lado de la habitación, en la contigua había otro sujeto B. Tenían que ir dando respuestas y cuando B fallaba, A debía pulsar un botón que daba una descarga eléctrica. La descarga tenía varias intensidades. La persona que proponía el experimento, C, no le decía a A que las descargas eran falsas, al contrario, le explicaba que podían causar la muerte, pero que en caso de fallo debía aplicarse el castigo. El sujeto A no se lo pensaba, simplemente pulsaba el botón oyendo cómo el sujeto B gritaba en la habitación contigua. Después de hacer el experimento con un buen grupo de gente, Milgram se dio cuenta de que algunas personas se lo pensaban, pero todas apretaban al menos una vez el botón.

El 65% de los sujetos A llegaron a aplicar la máxima descarga (450 voltios), y ninguno de ellos se negó a continuar hasta alcanzar esa cifra.

Stanley Milgram demostró el tremendo efecto que posee la autoridad en nuestro sistema de creencias y conducta.

Ellos mandan y nosotras obedecemos. Y no perdamos de vista que cuando obedecemos ciegamente sin importarnos las consecuencias la responsabilidad también es nuestra.

El tercer experimento es de 1971 y lo llevó a cabo Philip Zimbardo. Es conocido como la cárcel de Stanford. Dividieron al grupo de control en dos partes A y B dando a unos el rol de carceleros y a otros el de presidiarios. Fue tan terrible la respuesta de brutalidad de los primeros contra los segundos que el experimento fue cancelado sólo una semana después de haber empezado. Maltrato, abuso de poder, violencia, todo lo que salió del grupo A contra el B fue lo peor del ser humano.

El experimento tardó una semana en ser cancelado porque hasta ese momento la conducta les parecía dentro de la normalidad…

Nos hace reflexionar sobre quiénes somos y quiénes podemos llegar a ser en cuanto nos dan algo de poder…Os suena de algo?

Este experimento fue llevado al cine en 2015 y puede verse en la película del mismo nombre: https://www.youtube.com/watch?v=1kkeaJW4scQ

Así que sumando los tres experimentos y trayéndolos al presente tenemos que la mayoría hace lo que la autoridad dicta sin pensar mucho si está bien o mal, le damos la responsabilidad de elegir a ella. Además no importa lo que pensemos, si el grupo dice que esa es la opción, la seguimos sin mirar si es o no aceptable o beneficiosa para nosotras y para terminar si nos dan poder lo usamos para someter a quien se sale del tiesto, que para eso nos lo han dado.

Para muestra la película La Ola basada en el experimento la tercera ola que es un resumen de lo anterior. Un profesor (autoridad) que da poder a una clase (sujetos) para que lo ejerzan sin pensar ni reflexionar sobre lo que están haciendo (obediencia ciega). Todo el grupo piensa igual para no salirse de la norma…

Y tú, ¿qué haces al respecto?

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