
Hemos comenzado este último trimestre del año con tres talleres muy potentes en los que estamos compartiendo lecturas que nos hacen reflexionar acerca de nuestros sistemas y nuestras vidas.
En el Genograma literario dialogamos con los libros, aprendemos a construir las historias de los personajes desde una mirada sistémica para, desde ahí, buscar conexiones con nuestras propias historias.
¿Con qué personaje me identifico? ¿Cuál de ellxs resuena con mi sistema? ¿Qué tiene esto que ver con mi vida?
Hay tantas versiones de un libro como personas que lo leen y eso es lo que enriquece nuestros talleres.
Además en el de los martes trabajamos con Maternarte, un añadido extra al taller en el que nos revisamos como hijas para entender todo aquello que pedíamos a nuestras madres y no nos fue dado. Al fin y al cabo no son más que expectativas pero cuando vienen de una niña herida pueden tener consecuencias como el no poder tomar a la madre tal y como es porque nos queda un juicio de aquello que hizo o dejo de hacer.
Las madres siempre están en un perpetuo juicio, parece que tienen que ser perfectas y no es de extrañar ya que la madre por antonomasia es la Virgen y claro, en comparación, ¿Qué pueden hacer el resto?
¿Qué es para ti una buena madre? ¿Qué es para ti una mala madre? ¿Cuánto de buena madre tuvo o tiene la tuya y cuánto de mala madre? ¿Cuánto tienes tú de una u otra si eres madre?
Ninguna estamos libres de juicio y a través de la lectura conocemos muchas más aristas del asunto: madres que entregan a sus criaturas, madres que siguen adelante con el embarazo y la crianza odiando a sus criaturas, madres que abandonan, madres que maltratan…y frente a ellas madres amorosas que lo dan todo por su prole, madres que escuchan, que sostienen, que acompañan en la vida. Muchas de estas mujeres fueron violadas, maltratadas, no recibieron abrazos, ni palabras de consuelo, ni apoyo, ni ayuda y cada una crio según sus circunstancias y lo que pudo o supo hacer. Ninguna de ellas merece ser juzgada por ello, sólo entendida desde la compasión, el agradecimiento y el perdón (si lo merecen).
En Las Maravillas (taller de los sábados) Estamos analizando la vida de María, que tuvo que dejar a su hija con sus padres y hermanos para poder venir a Madrid a trabajar y que no le faltara de nada, con las consecuencias que esto tuvo para todo el mundo. En Los de Bilbao nacen donde quieren (taller de los jueves)vemos varias maternidades incluyendo a madres prostitutas y cómo eso afecta a sus criaturas. Aquí tenemos también a una madre odiadora, maltratadora y abandonadora. En Ceniza en la boca (taller de los martes)tenemos a una madre migrante que materna en la distancia y en cómo le afecta esa distancia tanto a ella como a sus criaturas.
Hay que ver a nuestra madre (y abuelas) en su contexto cultural y social. Mujeres, en muchos casos rurales, sin estudios, casadas porque era lo que tocaba, teniendo parentela porque era su papel y abocadas a esa y única figura: la madre.
De ellas se esperaba que lo hicieran todo bien: ser buenas madres, buenas hijas, buenas esposas, buenas cocineras, buenas bordadoras…y en ese empeño muchas se volvieron profesionales de la perfección y esa es nuestra herencia, madres que quieren seguir siéndolo toda la vida porque sin eso no son nada e hijas que quieren liberarse de una madre de la que han dependido una parte de sus vidas y de la que no es fácil desprenderse.
También hay que entender que no todas las madres son pegadizas y sobreprotectoras, dependiendo de la parte del mundo en que te toque nacer, las hay que se desprenden de su función más rápidamente que otras.
Así no es lo mismo una madre nórdica, acostumbrada a que su parentela se independice rápidamente y a tener poco contacto con ella, que una madre latina que vive, en muchos casos con la hija, que sigue siendo su madre y madre de sus nietos y que no hay quien se la quite de encima.
Nos hemos comido con patatas los cuidados y los llevamos al extremo y de ese modo nos encontramos con que en alguna época de nuestra vida también nos tocará cuidar de esa madre y ahí surge otro problema, porque, ¿Quién cuida a doña perfecta? ¿Cómo someternos constantemente a la frustración de no hacer nunca nada bien?
En nuestra cultura convivimos con madres que piden poca ayuda y se valen solas, a las que les gusta dar y no recibir, pero después te echan en cara que las tienes abandonadas…compartimos esas madres con hermanxs que tienen otra forma distinta de vincularse con ellas y con lxs que, cuando hablamos, parece que tuviéramos madres diferentes.
Para entender la figura de la madre hay que entenderla como mujer, extrapolar su función principal y volver a sus orígenes, visitar también la figura de nuestras abuelas y ver qué recibieron de ellas, cómo fueron tratadas, qué se les exigía, cómo fueron sus vidas, qué sueños tuvieron, cómo llegaron al matrimonio, si quisieron o no tener descendencia…Revisitar esos espacios comunes en nuestros sistemas es entender también de qué forma fuimos criadas nosotras.
Si como hijas pensamos en nuestras heridas, qué heridas no tendrían ellas para poder darnos sólo eso que recibieron.
Para ello podemos también echar un vistazo a los apegos que tuvimos con ella, ya que nuestra madre es nuestro primer amor a lo grande, y tal y como fuera esa relación con ella la exportaremos al resto de relaciones.
Si volviera a nacer y pudiera elegir ser otra persona sin duda elegiría ser la madre de mi madre.
Para darle todos los besos que le faltaron cuando niña.
Le leería todos los cuentos que nunca nadie le leyó.
Cuando la arrope por la noche, le diría con todo mi amor cuánto la quiero.
Le enseñaría que la vida es bella entre los brazos de quién te quiere.
Le compraría una manzana de caramelo
Le cantaría canciones
Jugaríamos en el suelo
La peinaría cada mañana e iría al colegio.
No tendría que trabajar tan pequeña
No tendría que llorar tanto
No crecería cosiendo su corazón con tristeza
Y sería una niña feliz.
Si pudiera ser otra persona sería su madre sin dudarlo, le enseñaría que el amor no es dolor y lo maravilloso que es despertar cada mañana a su lado.
Porque si la quiero tanto siendo su hija, cómo la querría cuando al nacer la tuviera entre mis brazos.
Rosen Jaden
