
No deja de sorprenderme el aguante que tenemos las mujeres. Otro caso más de señoro que drogó durante años a su mujer para abusar de ella, otro señoro, policía para más señas, que quedaba con sus víctimas en Granada y las echaba una sustancia en la bebida para aprovecharse de ellas, vamos, para violarlas, digámoslo alto y claro. Estudiantes asesinadas en una universidad mexicana. Mujeres asesinadas todos los días a manos de quienes les prometieron amor eterno.
Nos violan, nos matan y aquí no pasa nada, oiga.
¿Qué más tiene que pasar a nuestro alrededor para que tomemos conciencia de que nos puede pasar a cualquiera de nosotras? ¿Tendremos que tomarnos la justicias por nuestra mano para que se despierten del letargo en el que se encuentran? ¿No te gustaría formar parte de Las vengadoras o algo así? Ya me veo con una catana estilo Kill Bill arramplando con cada abusador y con cada asesino.
Algo así sucede tanto en la serie como en el libro que hoy te recomiendo:

Furious es una serie algo singular, queda abierta a una segunda temporada porque la trama no acaba de desvelarse en la primera pero aun así merece la pena verla. Mujeres atrapadas en un mundo de trata y prostitución tomándose la justicia por su mano y dando su merecido a quienes favorecieron lo que les sucedió. Un baile entre dos mujeres, una policía y la asesina que acaba sorprendentemente y que sirve para reflexionar sobre muchos abusos, micromachismos y machistadas en toda regla. Mujeres que tienen que cambiar de vida porque no son creídas cuando denuncian, que tienen que seguir teniendo contacto laboral con su abusador y que son enjuiciadas como histéricas en cuanto ponen los puntos sobre las íes.
Por otro lado y esta vez ambientada en Camariñas llega Punto de araña, con un toque más místico que invoca la justicia ancestral y que es una auténtica belleza. Reflexiona sobre el trabajo invisibilizado de las mujeres en la mar, de cómo los hombres toman el control de todo lo que las atañe y lo que puede pasar cuando ellas dejan todo en sus manos y deciden dar un paso atrás y pararlo todo.
Es una metáfora de sonoridad. una mirada sistémica a todas esas mujeres que sufrieron violencia en el sistema, violencia que pasa de madres a hijas que se hereda igual que se heredan las cosas y que parece no tener fin hasta que alguien busca remedio y ese alguien finalmente no es más que la unión de las mujeres. La fuerza más poderosa, la que intentan aplastar día a día a golpe de divide y vencerás.
Se nos olvida que juntas somo más fuertes, se nos olvida, se nos olvida, se nos olvida. Seguimos mirando a las demás como si fueran nuestras rivales cuando están en nuestro bando, sufren las mismas violencias, sufren la falta de derechos independientemente de su color, clase y descendencia.
¿Qué pasaría si realmente nos uniéramos en piña y paráramos el mundo? Sería la mejor venganza contra el patriarcado, sólo tenemos que ponernos manos a la obra y estamos tardando.
No olvidéis jamás que bastará una crisis política, económica o religiosa para que los derechos de las mujeres vuelvan a ser cuestionados. Estos derechos nunca se dan por adquiridos, debéis permanecer vigilantes toda vuestra vida
Simone de Beauvoir
Si queremos Justicia, que sea reparadora y restauradora a lo mejor tenemos que utilizar la Venganza como medio eficaz para conseguirla. Esa venganza también surge del autoconocimiento, de asociarnos, de encontrarnos en grupos de mujeres, de compartir las violencias que nos atraviesan y de hacernos más fuertes juntas, siempre JUNTAS.
