
¿Qué rol te han otorgado en tu sistema? ¿Qué rol te has otorgado en tu sistema?
Revisamos ese sistema familiar para entendernos desde otra perspectiva. Nacemos en una posición determinada: primogénita, benjamina o puede que la hermana que media entre ambas. La combinación es tanta como sistemas. Puede que seas la primera niña pero no la primera hija, puede que seas la única niña entre muchos hermanos, la última de una familia de cinco o seis niñas…el caso es que cuando llegas al mundo y aterrizas en tu sistema ya se te ha otorgado un lugar, el que queda libre.
Si eres la primogénita vas a tener todo tipo de expectativas sobre tus hombros ya que tus progenitores desearán una niña que cumpla todos sus requisitos, que nunca son pocos y si naces en cualquier otra posición además vas a tener que ganarte un estatus entre tus iguales. Me explico: si tu hermana es la niña buena, tu otra hermana es la belleza de la familia, la otra la graciosa, ¿Qué te queda a ti? Pues a lo mejor ser la rebelde. Piensa en cómo eres y por qué eres así y no de otra manera.
En ocasiones se espera de nosotras que seamos niñas obedientes, sumisas, estudiosas, laboriosas, amables…y a veces cumplimos lo que se espera de nosotras renunciando por el camino a lo que realmente queremos ser o somos. También puede darse el caso contrario que es no aceptar el rol que nos asignan y seguir nuestros propios impulsos sacando de nuestra esencia la fuerza para ser lo que queremos ser. En este último caso nos pondremos enfrente a todo aquel que quiera llevarnos por un camino que no es el que hemos elegido: Esta niña es una rebelde. No puedo con esta niña, siempre me lleva la contraria. Esta niña es un demonio…¿Te suena alguna de estas frases?
Si se esperaba de ti que fueras un ángel y saliste demonio, ¡bienvenida al club!
No se trata de llevar la contraria, ni de montar pollos porque sí, se trata de seguir lo que nos dicta nuestra esencia, de seguir nuestro camino aun a sabiendas de que nos van a dar de lado, de que nuestras relaciones no van a ser un camino de rosas y de que vamos a ser las raras en muchas ocasiones. Rompemos moldes y eso lleva un coste.
A nivel sistémico no iba a ser menos. Si resulta que en tu familia todas las mujeres han sido madres abnegadas y tú sales con que no quieres tener descendencia imagina sus caras. Si todas han sido esposas sumisas y tú sales con que no quieres casarte, o prefieres otro tipo de relaciones o tienes otro tipo de identidad sexual, imagina sus caras. En un principio eso pasa factura. Pasamos de la lealtad al sistema: Yo como vosotras, a luchar contra lo que nos dicta ese sistema, a hacerlo a nuestra manera. No es ponernos en contra de nuestra madre o abuelas, es justo poder elegir lo que quizás ellas no pudieron: sexualidad, maternidad, forma de vida, estudios, trabajo.
Las lealtades nos unen con lazos profundos y fuertes y por eso hay veces en que nos encontramos luchando contra nosotras mismas en un movimiento Mr. Jekill & Mr. Hide. Por momentos seguimos las directrices de nuestras ancestras y cuando vemos que eso está acabando con nosotras nos ponemos contra ellas para llevar nuestra vida y vemos que tampoco estamos a gusto en ella. No es luchar contra nuestro legado, es mirarlo con amor, con agradecimiento, siendo conscientes de todo lo que esas mujeres han luchado para que nosotras ahora podamos elegir. Ellas no supieron o no pudieron hacerlo y nosotras podemos resarcir esto de alguna forma viviendo nuestra vida a la vez que honramos la suya.
En estos movimientos podemos darnos cuenta de quiénes son esas mujeres que sostienen el sistema, que sostienen nuestra vida, pero también profundizar en qué esperaban de nosotras y qué nos han dado o no en relación a ello: Si no te portas bien, no te voy a querer. Si no eres como yo quiero, no tendrás sitio en mi vida. La relación con la madre a veces es difícil justo por esto, por sus expectativas frente a nosotras chocando con nuestras expectativas con respecto a ella. Si somos capaces de dejar esas expectativas a un lado y mirarnos desde lo esencial, desde el amor, desde el vínculo, la relación fluirá mejor. Y si no fluye lo que necesitamos es saber que ahora podemos darnos todo eso que nos faltó. Honrar a la madre no significa tener una relación de dulce con ella, es honrar la vida que nos dio y agradecer lo que ha hecho por nosotras. La relación puede ser lo que dos personas adultas negocien.
En Maternarte vamos a ver todos estos tipos de relaciones y combinaciones sistémicas para entender de dónde partimos, dónde estamos ahora y adónde queremos llegar para vivir una vida plena y satisfactoria en nuestras relaciones afectivo-sexuales.
Nos apoyamos en la lectura para poder abrir la mente a otras experiencias y desde ahí compartir nuestros sentires y saberes con el resto del grupo.
Si te resuena, te esperamos con el corazón abierto.

